En una industria dominada por hombres y mujeres blancas, la diversidad la representan algunas mujeres de color que llevan años, hasta décadas, en la música. Lauryn Hill, Erykah Badu y otras artistas contemporáneas como las hermanas Beyoncé y Solange Knowles o Nicki Minaj le han dado poder femenino a géneros como el pop, neo soul, el R&B o el hip-hop.

Pero, a pesar de que en 2016 se lanzaron dos de los discos que más aparecieron en las listas de lo mejor del año, Lemonade de Beyoncé y A Seat at the Table de Solange, donde ambos tienen una narrativa desde el punto de vista de una mujer negra en el Estados Unidos del siglo XXI, la tarea está lejos de estar hecha.

Así, nuevos nombres como Cardi B, primera mujer de origen dominicano en llegar al número 1 de las listas y la primera mujer en 19 años en logral el #1 en el Hot 100 de Billboard, Young M.A, Princess Nokia y SZA son más notorias que nunca.

 

Centremonos en Princess Nokia, quizá la menos mainstream de todas, rapera de New York de 25 años. Destiny Frasqueri, como también se le conoce por otros proyectos y que además es su nombre real, tuvo una infancia dura: su madre murió de VIH, vivió gran parte de su niñez en casas de acogida, además de tener trabajos poco convencionales como dealer de marihuana. La artista afro-latina es fundadora del colectivo feminista Smart Girl Club, tiene 3 mixtapes y 1 EP y una personalidad atrapante.

“Soy una chica inocente, pero subirme al escenario es una forma de liberar mi rabia”, dijo en a FACT Magazine. De voz dulce y suave al hablar, looks que fluctúan entre lo extremadamente femenino a lo tomboy, tal como lo dice en la canción del mismo nombre, Princess Nokia es capaz de hablar del abuso, el feminismo, ser una mujer de color, la auto aceptación y, sobre todo, New York, pero desde su perspectiva.

“No quería ser típica. No quería hablar sobre una narrativa que ha sido reciclada y que ya se ha hecho muchas veces. Sentí que era tiempo de hablar de mi verdad, de representar una identidad y una intersección que mucha gente como yo no tenía en el hip-hop”, explicó a Noisey.

Solána Rowe, más conocida como SZA, pasó varios años lanzando material, desde 2011. Su primer EP, See.SZA.Run, fue lanzado por ella misma y comenzó a hacerse un nombre de a poco en el mundo del R&B alternativo, y pasaron años antes de firmar con una disquera para lanzar su primer disco.

SZA nació en St. Louis, Missouri y creció en Maplewood, New Jersey, en el seno de una familia musulmana ortodoxa. Sin sueños de ser una cantante hasta sus 20, SZA creció sin TV, ni radio, y su primer acercamiento a la música fue a través de sus hermanos. Lo que amaba era la gimnasia, llegando incluso a quedar 5ª en un ranking nacional en EE.UU., disciplina que practicó por 13 años.

Pero crecer en una familia musulmana de color tuvo sus costos. “Después del 9/11, pasé de ser una niña que usaba hijab a veces, pero era normal y tranquila, a ‘Oh, alabas al demonio’. Me quitaban el hijab y me seguían a casa. Mi papá me tenía que esperar afuera de casa”, explicó a Vogue. La cantante nunca ha renegado de sus raíces y la ha abrazado a tal punto que SZA es un acrónimo construido desde el Alfabeto Supremo de la Nación de Dios y la Tierra, que significa Savior, Zigzag (por el autoconocimiento) y Ala.

En su álbum debut Ctrl, lanzado en junio de 2017, SZA una mujer negra y musulmana explora qué es ser una persona sexual y abierta con sus emociones, incluso si estas son caóticas e imperfectas.

Kendrick Lamar, quien colabora con ella en el track “Doves in the Wind”, dijo a Vogue que SZA “es la única persona que me inspira en la música hoy. Es una verdadera contadora de historias”.

En sus trabajos anteriores era conocida por escribir metáforas abstractas, en Ctrl no es así. En 49 minutos, SZA nos canta de amor romántico, auto cuidado y volver a pararse después de cagarla. “Se supone que las mujeres tienen que llorar y sentirse raras por el amor, así como ‘Oh, Dios, no tengo a nadie. Ese hombre no es mío’. Eso no importa. Disfruta de tu vida, enfócate en lo que es importante para ti. Si quieres estar con alguien, bien. Si no, supéralo. No es para tanto drama y no tiene por qué serlo”, dijo al programa de radio The Breakfast Club.

Estas mujeres han sido catalogadas por varios como artistas llenas de rabia y se eclipsa completamente su vulnerabilidad como artistas y personas. La verdad es que ambas son complejas en su forma de hacer música y representan una narrativa que las mujeres de color en EE.UU. tenían escondida.